Como cada año Málaga se viste de fiesta para acoger el Festival de Cine Español, evento que lleva quince ediciones exponiendo lo mejor (y también lo peor, todo hay que decirlo), de nuestro cine patrio.
Siete días que hemos vivido a tope intentando analizar, ya sea por obligación (críticos) o por amor al arte (público) las propuestas cinematográficas y el estado definitorio de lo que en España llamamos industria aunque en realidad simplemente se trate de un "colmado de barrio", debido, a la ausencia de ayudas económicas para llevar las producciones a cabo y la eterna separación entre los creadores y el público.
Yo llevo asistiendo al festival desde su creación, y si algo he aprendido es que los premios nunca son del todo acertados (al menos como desearíamos la gran mayoría) y ciertos aspectos de la organización dejan mucho que desear.
Por ejemplo; ¿por qué periodistas e invitados de todas las secciones tenemos que sacar las entradas de las sesiones que queremos ver a unas determinadas horas y en una taquilla en concreto? ¿No sería más inteligente y productivo que en cada sala donde se proyectan los trabajos hubiese alguien de la organización para facilitarnos esas entradas? Es tan fácil y tan sencillo como adjuntar en la acreditación un número y que la persona de la organización fuese apuntando las entradas que necesitamos y el número de nuestra acreditación. Vamos, como se hace en la mayoría de los festivales de España. ¡Pues no! Aquí todo es diferente, y los acreditados tenemos que pasarnos horas y horas en una taquilla donde encima no se nos asegura que haya entradas para la sesión a la que queremos ir. Esto nos hace perder mucho tiempo, no facilita nuestra labor y nos enfada sobremanera.
Todos los premiados de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español / Ingrid Gil
Después los premios. ¿Qué se premia? ¿La veteranía de directores? ¿Los actores que más salen en televisión? ¿Un guión novel que no lo merece pero se tiene que premiar puesto que es el único guión novel de la edición? Son cosas que nunca entenderé. Año tras año se niegan premios de cajón y se optan por otros más acomodados a los intereses, sino comerciales, si publicitarios de las películas que aquí se presentan. Es por tanto reseñable que Uribe se haya llevado la mejor dirección por un film muy bien hecho pero que hemos visto mil veces y que Xavi Puebla se haya quedado sin un premio que merecía con todas las de la ley por un trabajo sobrio, elegante y enorme. ¿Es justo también que hayan premiado a dos actores jóvenes con escaso recorrido pero que se hayan obviado actuaciones memorables de actores con más trayectoria? Está claro que una interpretación es una interpretación, y se tiene que premiar la mejor, pero cuando la "mejor" es la más invisible y la más olvidadiza… ¿qué nos queda?
Después sobre la sección ZONA CINE, que como su nombre indica es la sección donde podemos ver películas independientes que no pueden ser visionadas en la sección oficial. Hasta aquí todo bien, pero, ¿qué ocurre cuando muchas de estas películas son nefastas tanto en lo creativo como en lo cinematográfico y tienen fallos de sonido garrafales o de interpretación? ¿Se supone que es lo mejor del cine independiente del año? Pues espero que no, ya que he visto cortometrajes grabados con cámara de video y por chavales con mucho más talento que algunos de los filmes que he visto este año en la sección ZONA CINE. Directores que prometen comedias románticas y aburren hasta a mi abuela, otros que venden películas originales siendo refritos de films de Polanski y Amenábar… etc, etc. ¿De verdad merece la pena visionar muchas de estas cintas? Es más ¿de verdad los creadores de algunas de estas cintas tienen "el valor" de exhibirlas ante un público que espera más de ellas?
El equipo de 'A puerta fría' durante la rueda de prensa / Ingrid Gil
Sino fuese por 'Seis puntos sobre Emma', '12+1' o 'El mundo es nuestro', la sección Zona cine sería lo mismo que un festival de cine novel para niños menores de 14 años, sin desmejorar por supuesto a estos niños de 14 años, cuyos cortos y ficciones, en la medida de lo posible, encierran significados más coherentes y humildes que algunas de las producciones que este año hemos podido ver en la sección ZONA CINE.
¿Con qué me quedo del festival de este año? Con los momentos de auténtico cine ('A puerta fría', 'Carmina o revienta'), con las interesantes ruedas de prensa que de vez en cuando nos ofrecen algunos de los directores que presentan filmes, con las charlas ante el público, encuentros maravillosos donde artistas de "nuestra industria" comentan y responden las preguntas de los allí presentes, y con las ideas y venidas, encuentros y charlas de amigos y compañeros que durante 7 días convertimos a Málaga en el centro nacional de nuestro cine, semana frenética y vital que nos recuerda que aún, salvo excepciones, nos queda mucho por hacer para que nuestro cine, y con ello nuestras historias, puedan encontrar ese punto de conexión que hace lustros ha perdido con el público común, aquel que paga una entrada para disfrutar de hora y media de auténtica evasión.